Creía Yo


No a todo alcanza Amor, pues que no puedo
romper el gajo con que Muerte toca.
Mas poco Muerte puede
si en corazón de Amor su miedo muere.
Mas poco Muerte puede, pues no puede
entrar su miedo en pecho donde Amor.
Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.

Macedonio Fernández

El comienzo


Descubriendo...

SOY PAN, SOY PAZ, SOY MÁS

Yo soy, yo soy, yo soy

Soy agua, playa, cielo, casa blanca

Soy mar Atlántico, viento y América

Soy un montón de cosas santas

Mezcladas con cosas humanas

¿Cómo te explico?...cosas mundanas

Fui niño, cuna, teta, techo, manta

Más miedo, cuco, grito, llanto, raza

Después mezclaron las palabras

O se escapaban las miradas

Algo pasó, no entendí nada

Vamos, decíme, contáme

Todo lo que a vos te está pasando ahora

Porque si no, cuando está tu alma sola llora

Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera

Nadie quiere que adentro algo se muera

Hablar mirándose a los ojos

Sacar lo que se pueda afuera

Para que adentro nazcan cosas nuevas

Soy pan, soy paz, soy más

Soy la que está por acá

No quiero más de lo que quieras dar

Hoy se te da, hoy se te quita

Igual que con la margarita

Igual al mar, igual la vida

Vamos, decíme, contáme

Todo lo que a vos te está pasando ahora

Porque si no, cuando está tu alma sola llora

Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera

Nadie quiere que adentro algo se muera

Hablar mirándose a los ojos

Sacar lo que se pueda afuera

Para que adentro nazcan cosas nuevas.

Un año después

Hace poco menos de un año publicaba mi última entrada. Muchas cosas han cambiado desde entonces –incluyendo mi peso-: luces que no se encienden, meses de incertidumbre, mucho aprendizaje, no menos estrés, un colon irritable, abogados disfrazados de tío Gilito, facturar, facturar, facturar, más ansiedad, el sol de Barcelona, conflictos morales, la gota que colma el vaso, chi kung, un recreo de un par de meses y una nueva oportunidad…

De las ranas con vocación de princesas

Tengo una amiga a la que le encantan las ranas, quizá por eso seamos amigas (aunque yo prefiero pensar que de gustarle los zapatos con pocas tiras lo seguiríamos siendo). Sí. Dos semanas después, sigo siendo rana, a pesar de que siempre he tenido la esperanza de que cuando me besaran me convertiría en princesita, ya ven ustedes que estupidez... Ni todos los besos del mundo pueden con esa niña del bolso rosa y la carpeta verde -aunque, para ser sinceros, mi autoestima ha mejorado a golpe de lengüetazos: rana y todo, todavía hay príncipes que me besan-.
Seamos sinceros: ni las balas dejan de llegar al blanco, ni la vida es una película a todo color, ni las ranas se convierten en princesas. Seguimos un guión demasiado previsible: pocas sorpresas, menos suspense y un final trágico (la Muerte siempre gana al ajedrez).

Almodovariana

Gracias a todas las vírgenes, especialmente a la Milagrosa, la del Pino y la de las Nieves. Gracias también a Santa Rita y al Cristo de Telde (las damas primero). Gracias a Vicky y sus formas y a mis tres luciérnagas amarillas y a las fluoritas de mi pulsera... Pero, sobre todo, gracias a ti que me apoyaste en los momentos peores, cuando la carga era más pesada. Sin ustedes, divinos y humanos, no lo habría conseguido.

Soledad

"Si pudiera rebobinar el tiempo como las cintas, me recogería el pelo con las agujas de ganchillo. Y saldría hasta el amanecer. Y fumaría como Audry, con boquilla. Y bebería hasta perder el sentido del ridículo. Y, llegado el momento, tal vez me marcharía con él y elegiríamos juntos los muebles del salón y el color de las paredes. Y adularía a su mismísima madre... Pero no pudo ser. Él se lo pierde –solían decirme-. También Claudia y yo. Cuando nació Claudia lamenté que no hubiera sido Claudio, para que pudiera follar sin tener que fingir el orgasmo ni contar los días que faltan para que le baje la regla. En su primer cumpleaños le regalé una medallita con su nombre. Si por aquel entonces hubiera tenido una bola de cristal, le habría grabado también el nombre del pueblo, pero no en la medalla sino en la memoria, para que jamás nos olvidara. Si yo tuviera su edad también me marcharía lejos. Y allí donde fuera, no tomaría más de un café con la misma persona ni vería dos veces la misma película ni repetiría los mismos paseos una y otra tarde: las mismas calles, el mismo ruido, la misma gente… Imaginaría que cada día estoy en una ciudad nueva, distinta a la de ayer. Sería una extraña. Nadie sabría mi edad. Mis vecinos hablarían de mí a mis espaldas y se preguntarían de dónde vengo. Y me invitarían a cenar en el jardín algún que otro fin de semana. Y les contaría que soy la favorita de mi padre, al que aún visito por Navidad, que salgo con un hombre al que le gusto tal como soy, que no tuve hijos porque fui una profesional adelantada a mi tiempo y que no tengo problemas para llegar a fin de mes [...]".
Ethel